1.7 Blue dCi de 150 CV: averías reales y qué revisar

Guillem Soliz 11 de julio de 2026
Renault Scenic plateada en carretera. El motor 1.7 dci 150cv puede presentar problemas, pero este coche parece rodar sin ellos.

Índice

El 1.7 Blue dCi de 150 CV tiene una reputación más matizada de lo que parece: no es un motor frágil por concepto, pero tampoco es un diésel que tolere bien el mantenimiento irregular o la ciudad constante. En este artículo explico dónde están sus puntos débiles reales, qué síntomas avisan de una avería cara y qué reviso yo antes de comprar una unidad usada.

La clave está en separar el bloque motor de todo lo que lo rodea: AdBlue, EGR, DPF, turbo, sensores y, en las versiones manuales, el embrague y el volante bimasa. Ahí es donde aparecen la mayoría de los disgustos, sobre todo si el coche ha hecho trayectos cortos o se ha llevado el mantenimiento con demasiada calma.

Lo más importante para entender sus averías reales

  • El bloque en sí no suele ser el gran problema; lo que más da guerra son los sistemas anticontaminación y la periferia.
  • AdBlue y SCR pueden provocar avisos, cuenta atrás de arranque y reparaciones caras si se ignoran.
  • DPF, EGR y turbo sufren mucho más cuando el coche vive en ciudad o hace recorridos muy cortos.
  • La cadena de distribución no es una avería habitual de consumo rápido, pero sí conviene escucharla en frío.
  • Un historial de mantenimiento claro vale más que un kilometraje bajo sin facturas ni diagnosis.

Lo que cambia en este 1.7 Blue dCi y por qué importa

Cuando analizo este motor, yo lo veo como una evolución bastante seria del diésel moderno de Renault: 1.749 cm3, 150 CV y 340 Nm, con cadena de distribución, turbo de geometría variable y un sistema SCR que trabaja con AdBlue para rebajar emisiones. Eso le da buen empuje en carretera y consumos contenidos, pero también añade piezas que antes no existían o que eran mucho menos delicadas.

Y aquí está la idea clave: la fiabilidad no depende solo del motor base, sino de todo el conjunto de emisiones, sobrealimentación y electrónica. La SCR es el sistema que inyecta AdBlue para reducir los óxidos de nitrógeno, la EGR recircula gases de escape para bajar contaminantes y el DPF/FAP atrapa hollín para quemarlo después en regeneraciones. Si cualquiera de esas piezas empieza a trabajar mal, el coche puede entrar en modo emergencia aunque el bloque siga sano.

Eso no significa que el 1.7 Blue dCi sea una mala compra. Significa que yo lo encuadro en una categoría muy concreta: buen diésel para quien hace kilometraje real, bastante autovía y mantenimiento serio; menos recomendable para uso urbano puro. Con esa base clara, ya se entiende por qué casi todo gira alrededor de su periferia y no del bloque en sí.

Los fallos que más conviene vigilar

Si tuviera que ordenar los problemas habituales de este motor por frecuencia y por coste potencial, pondría primero los sistemas de emisiones y después el control del turbo y la alimentación. El bloque aguanta, pero los periféricos pueden convertir una unidad aparentemente buena en un coche caro de mantener.

Síntoma Posible causa Gravedad Coste orientativo en España
Aviso de AdBlue, mensaje de antipolución o cuenta atrás de arranque Sensor NOx, inyector o bomba de AdBlue, cristalización en el sistema SCR, software desactualizado Media alta 120-2.000 € según si basta con diagnosis o hay que cambiar módulo/tanque
Pérdida de potencia y modo emergencia Actuador del turbo, fuga en manguitos o intercooler, sensor de presión, EGR atascada Alta 80-1.800 €
Tirones, ralentí inestable, humo negro Inyectores, EGR sucia o con fuga, alimentación deficiente Media alta 100-1.200 €
Regeneraciones muy frecuentes, ventilador encendido a menudo, consumo alto DPF/FAP saturado por uso urbano o trayectos cortos Media 100-700 € si se limpia; bastante más si hay que sustituir
Traqueteo metálico en frío Cadena de distribución, tensor o guías con desgaste Alta si se deja avanzar 700-1.400 € aprox. con mano de obra
Vibración al acelerar en manual Embrague o volante bimasa Media 900-1.800 €

Si tengo que priorizar, yo vigilo antes el AdBlue/SCR y el turbo con sus sensores que la cadena. La cadena me preocupa cuando hay ruido, pero un sistema de antipolución o un actuador de turbo fallando puede dejarte tirado mucho antes y, además, engaña con síntomas parecidos. El siguiente paso es aprender a leer esas señales antes de cambiar piezas a ciegas.

Cómo distinguir una avería electrónica de un fallo mecánico

A mí me interesa mucho separar el susto electrónico del problema mecánico real. No cuesta lo mismo, no se resuelve igual y, sobre todo, no tienen el mismo riesgo. Un aviso de antipolución no implica automáticamente motor roto; muchas veces apunta a un sensor, una válvula o un módulo que está dando lecturas incoherentes.

  • Si aparece aviso de AdBlue o antipolución, pienso primero en el sistema SCR: sensor NOx, inyector de AdBlue, bomba, depósito o cristalización en el circuito.
  • Si el coche entra en modo emergencia y no sube de vueltas, miro turbo, actuador, manguitos y sensor de presión antes de condenar el turbo completo.
  • Si el problema solo aparece en frío y hay un traqueteo metálico, me centro en la cadena de distribución y sus tensores.
  • Si hay humo negro, tirones o ralentí inestable, sospecho de inyectores, EGR o una combustión sucia por mala alimentación.
  • Si el coche avisa pero sigue arrancando bien, leo códigos OBD aunque no haya testigo fijo; los fallos pendientes suelen dar la pista buena.

Hay un detalle que me parece muy revelador: cuando el problema es solo de electrónica o de emisiones, el coche muchas veces sigue sonando “normal”, pero limita potencia o llena el cuadro de avisos. Cuando el fallo es mecánico de verdad, normalmente ya notas ruido, vibración, pérdida de suavidad o consumo anormal. Esa diferencia, en una prueba de compra, ahorra dinero y discusiones.

También vigilaría las señales visuales: restos blanquecinos alrededor del tapón o la zona del AdBlue, humo al acelerar, olores extraños o fugas de aceite en la parte superior del motor. Son detalles pequeños, pero juntos dibujan mejor la salud del coche que un anuncio bien redactado.

Con esa lectura más fina, el siguiente filtro es el que de verdad separa una buena compra de una mala: cómo está mantenido y cómo se comporta cuando lo pruebas sin maquillaje.

Qué reviso antes de comprar uno de segunda mano

Si yo fuera a comprar un 1.7 Blue dCi de 150 CV en el mercado de ocasión, no me fijaría solo en los kilómetros. Me fijaría en cómo ha vivido esos kilómetros. Un coche con 120.000 km de autovía y facturas claras me inspira más confianza que otro con 60.000 km urbanos y un historial lleno de “revisiones hechas en taller de confianza” sin detalle.

  1. Arranque en frío: escucho si la cadena suena más de lo normal los primeros segundos y si el ralentí se estabiliza rápido.
  2. Cuadro de instrumentos: compruebo si hay avisos de AdBlue, antipolución, motor o regeneración pendiente.
  3. Prueba en carretera: acelero desde 1.500 hasta 3.000 rpm en una marcha larga para ver si el turbo carga limpio y sin tirones.
  4. Historial de aceite: yo no compraría un diésel así si el aceite se ha estirado sistemáticamente hasta el límite. Prefiero cambios cada 10.000-15.000 km o 1 año.
  5. Uso real: pregunto sin rodeos si ha hecho mucha ciudad, trayectos de 5-10 km o mucho parar y arrancar.
  6. Embrague y bimasa: en manuales, pruebo aceleración en cuarta o quinta desde bajas vueltas para detectar patinamiento o vibración.
  7. Diagnosis OBD: aunque no haya testigos, yo leería errores pendientes antes de firmar.

Si el vendedor evita hablar de AdBlue, de regeneraciones del DPF o de facturas del taller, para mí ya hay una señal suficiente para frenar. Un motor de este tipo no tiene por qué ser problemático, pero sí exige transparencia. Cuando la compra se apoya en documentación y no en promesas, la operación cambia por completo.

Y una vez que la unidad está en casa, el mantenimiento pasa a ser la diferencia entre un diesel tranquilo y uno que empieza a acumular avisos caros.

Mantenimiento que de verdad reduce averías

Yo no creo en las recetas milagro, pero sí en una rutina bastante simple que evita la mayoría de los disgustos. En este motor, la diferencia la marcan los intervalos sensatos, el uso correcto y no dejar que el sistema de emisiones trabaje siempre al límite.

  • Aceite y filtro: cambiar entre 10.000 y 15.000 km, o una vez al año como máximo, me parece mucho más prudente que apurar al extremo.
  • Trayectos de regeneración: si haces ciudad, conviene reservar de vez en cuando 20-30 minutos a ritmo estable para que el DPF complete la regeneración.
  • AdBlue: no lo apuraría hasta el último aviso; cuando el sistema empieza a quejarse, ya no es momento de “ya lo rellenaré la semana que viene”.
  • Turbo: tras una conducción fuerte, dejar 30-60 segundos al ralentí antes de apagar ayuda a cuidar lubricación y temperatura.
  • Filtros y fugas: aire, combustible y manguitos deben estar al día; una fuga pequeña en presión de admisión puede simular un turbo cansado.
  • Uso urbano: si el coche va a hacer casi todo en ciudad, yo me plantearía seriamente si este diésel es la opción correcta.

Hay algo que suele pasarse por alto: el 1.7 Blue dCi no se lleva mal con el kilometraje, se lleva mal con el kilometraje mal hecho. Autovía, temperatura de servicio y mantenimiento serio son su escenario natural. En cambio, los trayectos cortos y el uso frío repetido son justo el caldo de cultivo para EGR, DPF y AdBlue.

Con ese mantenimiento en mente, la decisión final se vuelve mucho más sencilla y bastante menos emocional.

La decisión práctica que yo tomaría con este motor

Si el coche tiene historial limpio, arranca bien en frío, no presenta avisos de AdBlue ni síntomas de turbo o DPF, yo no descartaría este 1.7 Blue dCi de 150 CV. En carretera es agradable, tiene fuerza suficiente y, bien cuidado, puede salir muy razonable para quien hace muchos kilómetros al año.

Ahora bien, si el uso va a ser mayoritariamente urbano, con trayectos cortos y mantenimiento poco claro, yo sería mucho más prudente. En ese escenario, el ahorro en consumo se compensa rápido con el riesgo de tener que pagar sensores, regeneraciones forzadas, EGR, AdBlue o incluso una reparación de turbo. Ahí es donde esta mecánica deja de tener sentido para mí.

Mi criterio es simple: este motor merece la compra cuando el historial acompaña y el uso ha sido el que un diésel moderno necesita. Si eso no está claro, el problema no es solo el motor; es la combinación entre tecnología, mantenimiento y forma de conducir.

Preguntas frecuentes

Los problemas que más conviene vigilar son AdBlue y SCR, el turbo y sus sensores, el DPF/FAP y la EGR. El bloque en sí no suele ser el gran problema, pero la periferia sí puede dejar el coche en modo emergencia o encarecer mucho la compra. En manuales, también hay que mirar embrague y volante bimasa.

Si el coche sigue sonando normal pero muestra aviso de antipolución o cuenta atrás de arranque, primero pienso en el sistema SCR: sensor NOx, inyector o bomba de AdBlue, depósito o cristalización. Si además notas ruido, vibración o pérdida clara de suavidad, ya hay más papeletas de fallo mecánico. Leer códigos OBD ayuda aunque no haya testigo fijo.

Arrancaría en frío, escucharía si la cadena suena de más, comprobaría el cuadro de instrumentos y haría una prueba en carretera entre 1.500 y 3.000 rpm para ver cómo carga el turbo. También pediría facturas y buscaría cambios de aceite cada 10.000 a 15.000 km o una vez al año. En manual, probaría embrague y bimasa para detectar patinamiento o vibraciones.

Cambiar aceite y filtro con intervalos prudentes, no apurar el AdBlue, dejar que el DPF complete regeneraciones con trayectos de 20 a 30 minutos y esperar 30 a 60 segundos al ralentí tras una conducción fuerte ayuda bastante. También conviene vigilar filtros, manguitos y pequeñas fugas de admisión. Si el coche va a vivir casi siempre en ciudad, este diésel no es la mejor opción.

Calificar artículo

Calificación: 0.00 Número de votos: 0

Etiquetas

adblue
turbo
dpf
egr
bimasa
Autor Guillem Soliz
Guillem Soliz
Hola, me llamo Guillem Soliz y tengo 13 años de experiencia en el ámbito del mantenimiento, la climatización y la mecánica automotriz. Desde que era joven, me ha fascinado entender cómo funcionan las máquinas y los sistemas de refrigeración. A lo largo de mi carrera, he tenido la oportunidad de trabajar en diversos proyectos que me han permitido profundizar en estos temas y compartir mis conocimientos con otros. Me dedico a escribir sobre aspectos prácticos y técnicos que pueden ayudar a los lectores a resolver problemas comunes en estas áreas. Me esfuerzo por simplificar conceptos complejos y proporcionar información clara y actualizada, siempre verificando mis fuentes y comparando datos para asegurarme de ofrecer contenido útil y preciso. Mi objetivo es que cada artículo no solo informe, sino que también empodere a quienes buscan mejorar su comprensión sobre el mantenimiento de equipos y sistemas de climatización.

Compartir artículo

Escribe un comentario